sábado, 29 de junio de 2019

El extraño visitante


Noviembre 2017



Quién no ha estado en casa y ha tenido la extraña sensación de que te observan desde lo más profundo?

Sabes que estás solo, pero aún así, sientes que te acechan, pacientemente, cual depredador a su presa.

De pronto, un sudor frío te recorre el cuerpo; el miedo se apodera de ti y lo irracional comienza a formar parte de tu vida.

Es el momento de coger una vela y, con el siniestro contoneo de su llama, dejarte guiar por esta historia aterradora.

Recuerdo que todo empezó un lunes a las doce de la noche. María y yo nos encontrábamos en el sofá, acurrucados intentando entrar en calor, viendo una película.

En ese momento, se escuchó que llamaban a la puerta. Me levanté extrañado, dada la hora que era, y me asomé por la mirilla.

La luz de la entrada se encontraba encendida; no se veía a nadie. Sin pensármelo dos veces, volví al sofá.

A mitad de camino, se oyó, esta vez de manera más violenta, como llamaban de nuevo, haciendo que cada golpe retumbara en mi interior.

Sin asomarme de nuevo para percatarme de quién podía ser, abrí rápidamente.

Me topé con la oscuridad y el silencio de la noche, acompañado de un aire gélido. Encendí la luz, pero allí no había nadie.

En ese momento, con las llamadas y la espesa oscuridad, me vino a la cabeza el poema “El cuervo”, escrito por Edgar Allan Poe.

Los fantasmas de mi mente comenzaron a atormentarme.

Cerré la puerta y volví al interior para seguir viendo la película junto a María. Ambos hicimos como que no había pasado nada.

A la mañana siguiente, me desperté, como siempre, a las seis y media de la mañana. Hora a la que María se tenía que levantar para ir a impartir sus clases.

- Luego nos vemos, amor [Dijo posando sus labios en los míos]. Sé bueno.

- Tranquila, no me moveré de aquí. [Contesté sonriendo]. Hoy tengo un montón de ideas para mi nueva novela, así que me podré a escribir.

Cogí todos mis papeles en los que había tomado los apuntes y me fui directo a mi cuarto a enchufar el ordenador.

Abrí el documento que contenía lo que llevaba escrito de la novela y, poco a poco, fui escribiendo.

Al cabo de unos minutos, comencé a notar un intenso frió en el cuarto. Enchufé la calefacción, pero fue inútil.

Más tarde, ya no era solo el frío lo que me incomodaba, si no la extraña sensación de estar siendo observado por alguien.

Notaba sus ojos clavados fijamente en mi nuca. Lo achaqué a mi imaginación, hasta que María llegó a casa.

- Pedro, ya estoy en casa. Hace mucho frío aquí ¿No? [Preguntó casi tiritando].

- Lo sé, cariño, pero incluso con la calefacción puesta, no aumenta la temperatura. [Contesté] Debe de estar rota.

- Pues el aire sale caliente ¿No te habrás dejado alguna ventana abierta?

- No tengo otra cosa mejor que hacer que abrir la ventana con el frío que hace fuera. [Contesté]. Por cierto,  he hecho sopa para comer, así entraremos en calor.

- Genial, vamos a comer, porque  vengo con un hambre…

En mitad de la comida, vi que María no dejaba de mirar, de vez en cuando, a la puerta principal.

- ¿Te ocurre algo, Maria? [Pregunté intrigado].

- No… solo es que… Tengo la sensación constante de que alguien me está mirando. [Respondió nerviosa].

- Entonces no soy el único. Yo llevo así toda la mañana.

- ¿Crees que tendrá que ver con el suceso de anoche?

- Es posible. Ya me lo espero todo.

Fue un día de lo más extraño e incomodo, pero, lo que no sabíamos era que todo esto no había hecho más que empezar.

A la mañana siguiente, antes de que sonara el reloj, me desperté con el sonido de lo que parecía el arrastre de una silla.  

Quise incorporarme y mirar, pero supuse que lo había soñado y el frío me impedía salir de la cama.

Me desperté de pronto, sobresaltado, por los gritos de María.

- ¡No puede ser! ¡Me he dormido y voy a llegar tarde! [Dijo levantándose rápidamente]. ¿Y el reloj? No está en la mesilla.

- Lo mismo se te olvidó ponerlo

- Nunca se me ha olvidado. No es propio de mí [Dijo vistiéndose rápidamente].

Se marchó tras darme un efímero beso y salí a desayunar algo.

Al abrir la despensa para coger el azúcar, me quedé completamente perplejo. Colocado en un rincón, se encontraba el dichoso reloj. ¿Cómo había acabado allí?

Cuando fui a coger un vaso, descubrí que no había ninguno. No en el armario ni en el lavavajillas.

Al volver al comedor, vi, atónito, que todos los vasos estaban colocados en la mesa.

Los cogí y los puse en su sito, pero, para mi sorpresa, al cerrar la puerta del armario y volver al comedor, estaban de nuevo sobre la mesa.

Me encontraba en uno de esos momento en los que no sabes si salir corriendo, gritar o, simplemente, ignorarlo todo.

Ese día recuerdo que fue muy frustrante. No paraba de encontrarme objetos fuera de su sitio mientras el frió y la sensación de ser observado no desaparecían.

Cuando María llegó, se quedó atónita.

- Pedro ¿Qué hacen todos estos vasos aquí?

- Ni idea. Por mucho que los guardo siempre vuelven a aparecer fuera de su sitio.

- Cuando accedí a salir contigo, sabía que me tocaría acostumbrarme a las cosas paranormales, pero esto se lleva la palma. Pensaba que estas cosas ocurrirían fuera, no en nuestra casa. [Dijo en tono gracioso intentando animarme].

María se percató de que mi gesto era muy serio y de que algo no iba bien.

- ¿Qué ocurre, Pedro?

- María. Sea lo que sea, no es bueno, lo presiento. Creo que quiere hacernos daño.

Esa noche apenas pudimos dormir y, cuando por fin lo conseguimos, me despertó una extraña voz.

- Pedro… Pedro… [Susurraba la voz].

Me desperté sobre saltado, haciendo que Maria también se incorporara.

- ¿Estás bien, Pedro?
- No lo se, María. Tengo la sensación de que, cuantos más días pasan, más cosas ocurren y más fuertes.

Esa mañana, la pasé escuchando claramente cómo susurraban mi nombre en cada rincón de la casa.

Cuando María llegó, salí rápidamente, la agarré del brazo y nos fuimos fuera.

- Maria, no aguanto más, aquí está pasando algo. No paro de oír voces extrañas.

Pasamos todo el día fuera hasta que María insistió en que volviéramos, diciéndome que tal vez habría una solución.

Esa noche fue peor que las anteriores. La extraña voz no nos dejó pegar ojo.

Al día siguiente, estuve  constantemente viendo sombras por toda la casa, como si alguien corriera de un lado para otro, por lo que decidí pasarlo fuera con María de nuevo.

Al regresar, sin mirar si quiera a nuestro alrededor, nos fuimos directos a la cama.

María pegó un chillido que me hizo saltar de la cama al instante.

Ahí estaba, parado, inmóvil, una figura alta, con sombrero anchó tapando su cara, completamente oscuro y siniestro.

- María… No puede ser real. Enciende la luz, muy despacio y sin decir nada.

Al encender la luz, la figura se quedó ahí, como si estuviera esperando a que uno de los dos le dijera algo.

Recuerdo ese dichoso día.  Viernes 13 de 2021.

Por suerte fue el último de estos sucesos, pero también el más preocupante y agobiante.

El frío intenso, el ambiente cargado, su mirada clavada en nosotros y nuestros corazones completamente acelerados.

Corrimos lo más rápido que pudimos hasta la puerta de entrada, pero él lo impedía.

No decía nada, no se movía, tan solo respiraba. Era una respiración entre cortada y siniestra.

La campana de la iglesia que teníamos cerca comenzó a sonar, marcando las doce de la noche.

En ese momento, la figura, soltó un ruidoso alarido y poco a poco se fue difuminando hasta desaparecer del todo.

En ese momento, mi móvil comenzó a sonar. En la pantalla aparecía el nombre de mi amigo Jacinto Hernández.

- Pedro, he estado informándome sobre lo que te ha estado ocurriendo y ya he dado con la causa. Puede que te parezca raro, pero se trata de un demonio. Poco a poco va torturando a sus victimas mentalmente, para alimentarse de su miedo y finalmente, cuando ya se siente más poderoso se presenta cara a cara, esperando a que hables. Nunca, nunca se te ocurra decirle nada, o no se marchará jamás…

Algunas noches, cuando suena la campana de la iglesia cercana, siento que sigue ahí, firme, con sus ojos puestos en mi, esperando, esperando mi respuesta…



miércoles, 29 de mayo de 2019

Enigmas de medianoche


Febrero 2014
 

Todos tenemos un comienzo y yo quiero contaros el mío en el tema de las investigaciones paranormales. 

Hoy os voy a relatar la horrorosa primera investigación oficial que realicé juntoa un grupo en un edificio abandonado.  

Es el momento de coger una vela y, con el siniestro contoneo de su llama, dejarte guiar por esta historia aterradora.

Circulaba en coche con mis compañeros José y Manuel Paredes. Íbamos camino de un edificio que pretendíamos investigar.

Esta vez había quedado con unos cuantos más en el lugar y todos iban equipados con cámaras, grabadoras, detectores de movimiento.

Nosotros íbamos más como observadores. En aquel entonces yo todavía no había hecho investigaciones, por lo menos no tan serias.

Aún recuerdo ese largo trayecto. La carretera iluminada por el sol de la mañana, los nervios de hacer una investigación serian por primera vez. Por llegar al sitio y ver qué ocurría.

Llegamos al lugar y esperamos un poco a los demás.

Llegaron en una furgoneta plateada y bastante amplia. De ella bajaron nuestros compañeros Carlos, Luis y Clara.

- Impresiona hasta de día ¿Verdad? [Preguntó José mirando el edificio]. Nuestra primera investigación oficial será en este psiquiátrico abandonado.



- Sí que impresiona. [Dije tragando saliva]. Es bastante grande.



Era un edificio muy amplio con 2 pisos y patio trasero y delantero.

Se construyó en los años cuarenta como hospital para tuberculosos y más tarde pasó a ser un hospital psiquiátrico hasta su cierre a principios de los noventa

Cruzamos la verja y comenzamos a caminar por el patio delantero que se encontraba lleno de hierbajos y basura. También había bancos y mesas de piedra completamente enmohecidos.

En el centro de este nos daba la bienvenida una enorme fuente que en algún momento albergó agua y que ahora no era más que un bonito recipiente de basura.

Llegamos hasta la puerta donde pudimos leer la frase “pobre de aquel que decida cruzar esta puerta” escrita en un lado.

Entramos y contemplamos lo que en su día era una amplia recepción.

Tenía aún varios muebles polvorientos y desgastados.

Tenía cuatro puertas. La entrada por la que habíamos venido, la salida al patio trasero y dos laterales por los que se accedía a la zona de hombres y mujeres.

Estuvimos revisando el lugar para ver si era seguro estar por allí, ya que cualquier desperfecto podría suponer un accidente.

También lo hacíamos ante la posibilidad de que hubiera alguien viviendo por ahí dentro y no le hiciera gracia que entráramos.

Las secciones de hombre y mujer eran idénticas. Contaban con lavandería, seguridad, baño, ducha, habitaciones, enfermería y salón.

Los pisos de arriba de ambas secciones eran las habitaciones y despachos de los trabajadores. Junto a librerías, zona de archivos y vestuarios.

A lo largo de la mañana, Lo inspeccionamos todo y seleccionamos todos los lugares para las cámaras y sensores.

Una vez todo preparado, nos sentamos en la recepción donde teníamos algunos bártulos y nos pusimos a comer.

Como el edificio estaba rodeado de naturaleza la tranquilidad era increíble. Todo estaba en completo silencio.

Tras comer, nuestros compañeros se quedaron charlando y José, Manuel y yo nos dedicamos a investigar un poco más todo lo que había. Éramos muy curiosos.

Aquello era como una capsula del tiempo. Desde que fue cerrado no se había tocado nada.

Encontré un calendario de 1969, hojas, documentos, carpetas, carteles… Allí había un montón de cosas.

- Esto son documentos de pacientes [Dije revisando una carpeta]. Fotos, datos, fechas, motivos del ingreso...



- Me sorprende que dejaran todo esto aquí [Contestó Manuel revisando unos pocos]. ¿Qué habrá sido de toda esta gente?



- Pues por las fechas y por su situación… [Dijo José]. Llevarán años fallecidos.



Tras un buen rato revisando documentos por los distintos pisos nos reunimos con nuestros compañeros en la entrada.

- Por fin aparecéis. [Dijo Carlos al vernos llegar]. Estábamos hablando a cerca de la colocación de las cámaras y los micros.



- También de los sensores de movimiento [Continuó Clara]. Los colocaremos en las entradas, salidas y escaleras.



- Tras ver las salas del lugar, ya sé dónde colocar los micros para captar algo. [Dijo Luis]. Hay varias habitaciones casi insonorizadas.



- Vosotros sois los que sabéis de esto. [Contesté]. Decidnos cómo podemos echaros una mano.



- Dividámonos en grupos de dos. [Dijo Clara mientras cogía los sensores]. Tu conmigo, José con Luis y Manuel con Carlos, por ejemplo.



Asentimos todos y nos marchamos de dos en dos a colocar las cosas.

- ¿Alguna vez habíais hecho una investigación? [Preguntó clara mientras colocaba el sensor en el cuarto].



- Lo cierto es que no. [Contesté]. Al menos no de manera tan profesional.



- ¿Has tenido vivencias paranormales?



- Lo cierto es que sí. Espíritus en espejos, una noche de pasión con una chica fantasma, un videojuego encantado…



- ¿Alguna reciente?



- El mes pasado. Tuve un suceso muy extraño en la playa donde aprendí que nunca hay que reírse de estos temas.



- Sorprendente, la verdad. Ni yo con la de investigaciones que he realizado he tenido tantas vivencias.



Continuamos charlando mientras terminábamos de realizar nuestra parte, ahora en el piso de abajo.

Tras acabar, nos reunimos con los demás en la entrada donde teníamos luces y ordenadores portátiles para revisar las grabaciones.

Allí estábamos, alumbrados por nuestro foco, mirando las cámaras y conversando bajo para hacer aquello más ameno.

De pronto, la alarma procedente de procedente de la zona hombres comenzó a sonar a lo lejos.

Miramos la cámara y pudimos observar como dos sombras avanzaban por el pasillo en dirección a nosotros.

Recuerdo como mi corazón latía cada vez más rápido y fuerte mientras esperaba que en cualquier momento aparecieran esas dos figuras ante nosotros.

La puerta se abrió de pronto y, de entre la oscuridad, emergieron dos mujeres que se sobresaltaron a la vez que nosotros.

- ¿Quién demonios sois? [Pregunté gritando].



- Perdonad, no pretendíamos asustaros, chicos. [Dijo una de ellas]. Nos hemos colado para hacer una investigación.



- Pensábamos que no habría nadie aquí, disculpad. [Prosiguió la otra].



- Un momento [Dijo José]. ¿Tamara?



- ¡José, que sorpresa!



- Esta es Tamara Sánchez, la creadora de enigmas de medianoche. [Continuó José] Participará con nosotros en el programa de radio.



De cabello rubio y ojos azulados. Una chica aficionada al misterio desde niña.

Manejaba un blog en internet llamado “Enigmas de medianoche” y un video blog en YouTube con el mismo nombre.

Portaba a su espalda una mochila en la que llevaba, como pude comprobar previamente, un kit de investigador paranormal.

Sensores de movimiento, termómetro, un detector de campos electromagnéticos, cámara con infrarrojos y detector de movimientos, linternas con luz ultravioleta… Esa chica estaba preparada para todo.

- Pues menudo susto nos habéis dado [Dijo manu sentándose].



- Disculpad, no era nuestra intención. [Respondió Tamara]. Por cierto, esta es Raquel. Ha venido conmigo a investigar, se conoce muy bien el sitio.

Se trataba de una chica de pelo rojizo, ojos claros y extraños, todo indicaba que llevaba lentillas.

Septum, piercing bajo su nariz, encima del labio, tatuajes varios incluyendo las manos.

En cuanto a su vestimenta, su cabeza estaba adornada por un corro negro de lana. Llevaba una camiseta negra con doble manga blanca. Esta era acompañada con unos pantalones de cuadros blancos azules y azul grisáceo. Finalmente llevaba unas bambas azul oscuro con detalles y cordoneras blancas.

Tenía, lo que se suele decir, un estilo alternativo, era muy autentica.

Nos presentamos con ambas y decidimos entonces que la investigación se seguiría haciendo entre todos.

- Las zonas donde más ocurren los fenómenos son… [Dijo Raquel sacando un papel y señalando en el]. El baño femenino y el salón masculino.



- ¿Eso es un mapa del psiquiátrico? [Preguntó Carlos]. ¿Cómo lo has conseguido?



- No, en realidad no es un mapa. [Contestó Raquel]. Simplemente hice un pequeño dibujo de dónde está cada habitación del lugar.



- Puede sernos muy útil para la investigación. [Dije ojeándolo]. Está bien saber cuál es la estructura de las dos plantas.



- Bien, pues yo opto por ir a visitar alguna de las dos zonas que has mencionado. [Dijo Clara cogiendo el plano].



- Totalmente de acuerdo. [Respondió Carlos]. Podríamos hacer dos grupos e investigar las dos zonas que ha dicho.



- Podríamos hacer dos grupos. [Dijo Luis]. Uno para el baño femenino y otro para el salón masculino.



- Pedro, José, Manuel y Tamara podéis ir al salón. [Dijo Carlos]. El resto al baño femenino



- Perfecto. [Contesté]. Pongámonos manos a la obra.



Nos adentramos en la zona masculina y comenzamos a vagar por sus oscuros y siniestros pasillos olvidados.

La habitación que teníamos que investigar se encontraba justo al final, por lo que avanzábamos algo asustados mientras pasábamos por todas las puertas.

Por momentos parecía que alguna de ellas se iba a abrir de repente e iba a aparecer algo extraño.

Nos llevamos un pequeño susto al activar sin querer uno de los sensores de movimiento que anteriormente habíamos colocado. Pero nos repusimos y seguimos adelante.

Entramos por fin al salón. Este era amplio, lleno de sillas cubiertas por el polvo y la suciedad traídos por el paso del tiempo.

Sobre una de ellas se encontraba una bolsa grande con pañales sin usar y por el suelo algún libro.

También había algunos sofás más grandes y unas mesas

Las ventanas estaban cubiertas con fuertes barrotes y con los cristales rotos.

Los techos y las paredes estaban desgastados y llenos de desconchones provocados por la humedad del lugar.

- Se siente muy cargado el ambiente ¿Verdad? [Preguntó Tamara].



- Lo cierto es que si… [Contesté]. Es como si estuviera todo lleno de gente…



Comenzamos entonces a realizar fotografías del lugar y a grabar audios para ver si se colaba alguna voz.

Estuvimos un buen rato intentando que algún ente se pusiera en contacto con nosotros de alguna manera. Que hiciera algo que nos demostrara que estaba ahí, pero no había forma.

- Es extraño. [Dijo Manuel]. Se puede sentir la energía de mucha gente, pero no se manifiesta ninguno.



- Puede que haya algo o alguien que no se lo permita [Contestó José]. A veces ocurre.



- Me gustaría probar algo [Dije mirando a mi alrededor]. Dejadme solo y cerrad la puerta.



- ¿Te quieres quedar aquí solo? [Preguntó Manuel]. ¿Estás seguro de que eso cambiará algo?



- Tengo entendido que aislarse en un lugar uno solo suele ayudar a que los espíritus se manifiesten [Dijo Tamara].



- Pues nada, “macho”, aquí te quedas. [Dijo José saliendo por la puerta]. Ahora después nos cuentas.



En ese momento Tamara me dio el termómetro que llevaba para captar la temperatura del ambiente.

Comenzaron todos a salir del salón y yo me quedé sentado en una de las sillas de la habitación.

- Mucha suerte [Dijo Tamara]. Si ocurre algo, grita. Estaremos fuera.



- Gracias. [Contesté] A ver qué ocurre. Es la primera vez que hago esto.

Cerró la puerta tras ella y todo se quedó en un completo silencio.

Recuerdo la sensación de ser observado. Empezó siendo sutil, pero pronto se fue intensificando hasta el punto de sentir como se me erizaba la piel.

El sudor frio, la necesidad de tragar saliva. El nerviosismo intensificándose dentro de mi ser a medida que pasaban los segundos ahí.

Pronto comencé a escuchar pasos a mi alrededor, susurros cerca de mis oídos e incluso empecé a notar una gélida brisa que me envolvía.

Llego un punto en el que no podía moverme ni abrir los ojos. Estaba completamente bloqueado.

Sonó de pronto el picaporte de la puerta del salón y unos pasos comenzaron a avanzar hasta mí.

Imaginaos el agobio de saber que algo viene hacia a ti, lentamente. No saber qué demonios es y no poder hacer nada.

Una mano se posó en mi hombro y salté de la silla.

Abrí por fin los ojos y comencé a palpar mi cuerpo comprobando que estaba bien y que por fin podía moverme.

- Perdón por asustarte, Pedro [Dijo Raquel]. Vi la puerta cerrada y todo en silencio.



- No te preocupes. [Contesté]. Les dije que me dejaran solo aquí, pero pensaba que me esperarían en la puerta.



- Pues no… [Dijo colocándose detrás de mi]. Estamos solos aquí…



Sus brazos se deslizaron desde mis hombros hasta mi pecho.

Tras esto, Pegó su mejilla a la mía y comenzó a hablarme al oído de manera pausada y dulce, aunque no recuerdo qué fue lo que me dijo, pero fuera lo que fuera, me tenía prácticamente hipnotizado.

Llegó un momento en el que estaba como al principio, sin poder moverme, pero en esta ocasión con los ojos abiertos.

Recuerdo ver entrar a mis compañeros de nuevo y quedarse mirando hacia a mí.

Hablaban entre ellos con cierto gesto de preocupación y nerviosismo, como si me estuviera ocurriendo algo.

Recuerdo incluso ver como Tamara sacaba su cámara y hacía una fotografía en mi dirección y tras esto, se acercaron a mí.

No sé qué demonios hicieron, pero dejé de repente de notar la presión que tenía encima y comencé a poder moverme de nuevo.

Cuando me levanté de la silla, medio desorientado, me percaté de que se encontraban todos menos Raquel.

- ¿Estás bien? [Preguntó Tamara] ¿Cómo te encuentras?



- Sí, pero Chicos… [Respondí aún medio aturdido]. ¿Dónde está Raquel?



- Pedro, Raquel se encuentra en la otra sala con los demás [Respondió José]. Lo que había aquí contigo era algo distinto…



No comprendía nada, yo había visto claramente a Raquel entrar y hablar conmigo, o por lo menos se parecía…

Salimos del lugar y volvimos nuevamente a la entrada donde teníamos los ordenadores.

Miré la pantalla y pude comprobar que efectivamente Raquel se encontraba junto al resto investigando en el baño femenino.

En ese momento el sensor de movimiento que provenía del salón donde habíamos estado comenzó a sonar.

Mis compañeros decidieron volver, pero yo preferí quedarme donde estaba después de lo que me había ocurrido.

Lo que menos me esperaba era que quedarme no era una buena opción.

Estaba mirando por la cámara al otro grupo y me percaté de que había algo que no era normal, algo no andaba bien.

Todos actuaban de forma normal menos una persona… Raquel.

Esta se encontraba en un rincón de la sala, mirando fijamente a los demás, inmóvil.

Alzó su mano y la puerta se cerró de manera violenta. Tras esto, comenzó a caminar hacia los demás.

De pronto, sin previo aviso y con cuchillo en mano, arremetió contra ellos de manera violenta y sin gesto alguno de duda.

Todos gritaban y corrían e incluso intentaban hacerle frente, pero no le hacían nada. Saltaban por los aires como si fuesen muñecos.

Carlos se lanzó a quitarle el cuchillo, pero este comenzó a levitar frente a ella sin poder moverse.

Esta le clavó el cuchillo en el abdomen y lo arrastró hacia abajo exponiendo todo su interior. Tras esto, cayó al suelo desplomado.

A clara la agarró del cuello mientras corría y, en un abrir y cerrar de ojos, deslizó el filo del cuchillo por su cuello haciendo brotar su sangre a borbotones.

Por ultimo quedó Luis. Este estaba en un roncón, sollozando, sin saber qué hacer. Estaba esperando un final inevitable.

Finalmente lo alcanzó y le clavó el cuchillo en el corazón. Tras esto, miró a la cámara casi como si pudiera verme.

No podía dar crédito ante lo que acababa de ocurrir. Quería correr, gritar, pero estaba tan aterrado que no podía moverme.

Salió de la sala y pude escuchar como el sensor del pasillo se accionó. Estaba claro que estaba viniendo hacia mí.

Tras unos minutos de tensión apareció frente a mi sonriente como si nada.

- No hemos encontrado nada. [Dijo Raquel acercándose]. ¿Vosotros tampoco?

Me incorporé rápidamente y me eché hacia atrás esperando lo peor, pero lejos de mostrarse agresiva, su gesto era más bien de duda

- Pedro ¿Estás bien? [Dijo acercándose dudosa]. ¿Te ocurre algo?

¿Si me ocurría algo? Acababa de verla asesinar a mis compañeros de investigación frente a las cámaras y ahora actuaba como si nada.

En ese momento, me llevé una de mis mayores sorpresas. Aparecieron de golpe Carlos, Luis y Clara charlando tan tranquilamente.

- Pero… Vosotros… [Balbucee desconcertado]. He visto como ella…



- ¿Qué te ocurre? [Preguntó Clara]. Parece que hayas visto un fantasma.



- La verdad que sí. [Dijo Luis]. Parece que tú has tenido más suerte que nosotros.



- ¿Qué es lo que has visto? [Preguntó Carlos]. Cuéntanos.



- Ella… [Dije señalando a Raquel]. Ella os había matado…



Todos se miraron entre ellos sin entender lo que estaba pasando.

- Lo he visto por la cámara. [Continué]. Ella os había matado uno a uno. Tiene que estar grabado.



- Yo me encargo. [Dijo Carlos sentándose frente al ordenador]. Sea lo que sea lo que hayas visto, estará grabado.



En ese momento llegaron los demás y les pusimos en situación con lo sucedido.

Nos pusimos tras él y vimos como rebobinaba la grabación.

Le dio al play y comenzamos a ver como investigaban tranquilamente por el baño femenino, por lo que poco a poco fue avanzando la grabación.

Cuál fue mi sorpresa cuando vi con mis propios ojos que la grabación seguía y no ocurría absolutamente nada.

Todos terminaban su investigación y salían perfectamente. No les ocurría nada. ¿Entonces? ¿Qué demonios había visto?

- Pedro, aquí no hay absolutamente nada. [Dijo Carlos sin quitar la vista de la pantalla]. No sé qué has creído ver, pero…



- Os juro que lo he visto muy claro…



No daba crédito a lo que había sucedido ¿Me había vuelto loco?

- Supongo que te has sugestionado. [Dijo Raquel]. Este sitio es aterrador, así que es comprensible.



- Supongo que si… [Contesté llevándome las manos a la cara].



- Sí, es muy posible que solo fuera eso. [Dijo Carlos]. Solo ha sido tu imagi…



En ese momento Carlos se quedó completamente callado mirando a la pantalla con cara de asombro.

- ¿Qué pasa? [Preguntó Clara]. Esa es…



- No puede ser… [Dijo José].



- No sabía que tú también te habías quedado sola para investigar, Raquel. [Dijo Tamara mirando la pantalla].



- Yo no me he quedado en ningún momento. [Respondió extrañada].



- Tamara, fíjate aquí. [Dijo señalando la parte superior derecha de la pantalla]. ¿Te das cuenta?



Miré a donde estaba señalando y entonces lo entendí. Estaba en directo. Fuera quién fuera estaba ahí…

No sé por qué, pero fuera de toda lógica, decidí ir a la sala en su búsqueda. Necesitaba saber qué estaba pasando.

- Voy contigo. [Dijo Tamara cogiendo su mochila].



- Cuenta también conmigo [Dijo José]. No vas a ir tú solo.



- Y no te olvides de mí. [Dijo Manu poniendo su mano en mi hombro].



- Yo también voy. [Dijo Raquel]. Sea lo que sea se parece a mí y quiero saber qué es.



Mis amigos y yo avanzamos hasta el lugar mientras el resto se quedó en la entrada, con las cámaras y comunicados con nosotros a través de walkie talkies.

Entramos a la habitación, pero no había nadie. Estaba todo oscuro, tranquilo y en completo silencio.

- La temperatura está descendiendo. [Dijo Tamara con el termómetro en la mano]. También hay variación en el campo electromagnético. No hay duda, está aquí.



- Pues no yo no la veo. [Dijo José mirando de un sitio a otro].



- Pero puede sentirse. [Dijo Manuel].

De pronto, apareció frente a nosotros en un abrir y cerrar de ojos.

Su mirada se encontraba fijada en mí sin signo de pestañeo alguno, como si estuviera esperando algo.

Tras esto, empezó a mirar a Raquel, que se encontraba parada y con una expresión de temor absoluta.

Nuevamente me miró. Esos ojos blancos, vacíos y sin vida me tenían inmovilizado.

En su boca se encontraba colocada una rosa espinada y de sus ojos y labios brotaba la sangre como si aún pudiera fluir por su cuerpo.

Se quitó entonces lentamente la rosa de la boca y, con voz firme, exclamo:

- Aún sigo esperando.

Tras esto, con una mueca de sorpresa en su rostro, desapareció provocando una ráfaga de aire.

- Decidme que lo habéis grabado. [Dije por el walkie].



- Lo hemos visto todo. [Contestó Carlos]. Aunque no sé si estará grabado.



- ¿Qué se supone que ha ocurrido? [Preguntó Tamara extrañada].



- ¿Lo preguntas enserio? [Dije atónito]. ¿Aparece ante nuestros ojos y te preguntas qué ha ocurrido?



- Pedro… yo no he visto nada. [Dijo Manuel].



- Yo tampoco. [Dijo José]. Solo la extraña ráfaga de aire…



- Pero tú si ¿no? [Pregunté mirando a Raquel]. Tú la has visto.



- ¿Yo? [Preguntó Raquel dudosa]. Lo siento, pero yo tampoco la he visto…



No entendía nada. Vi perfectamente como las dos se habían mirado a los ojos. No podía haberla visto yo solo.

- Pues nada. [Dije saliendo por la puerta]. Al final va a resultar que estoy loco.



- Había algo más. [Dijo Carlos por el walkie]. Había un hombre en la puerta y ahora está alejándose por el pasillo.



- De acuerdo, voy para allá. [Dije abriendo la puerta] No pienso permitir que me dejen de loco.



Contemplé como una figura avanzaba por el largo y oscuro pasillo, tras esto, decidí seguirla y ver hasta dónde me llevaba.

Su trayecto fue recto atravesando la recepción y todo el pasillo del lado masculino hasta el final donde se encontraba el salón.

Pasé por la entrada donde se encontraban mis compañeros completamente pálidos y con gesto de terror en sus rostros.

- Ha sido horrible. [Dijo Luis asustado]. Acabamos de verlo pasar por ahí.



- Lo sé. [Contesté]. Voy a buscarlo y a salir de dudas.



En ese momento el resto regresó.

- Esto es de locos. [Dijo Tamara]. Sea lo que sea parece jugar con nosotros.



- Es cierto. [Dijo Raquel]. Siempre que vamos hacia donde está se marcha a otro sitio.



- Algo me dice que no solo nos hemos topado con uno. [Respondí]. A parte del espíritu de la mujer había alguien más…



- Lo más extraño es que solo tú has conseguido ver al espectro. [Dijo José mirándome]. ¿Por qué los demás no?



- Supongo que del grupo siempre ha sido el más sensitivo. [Dijo Manuel]. Ya lo dijo nuestro médium.



- No tengo ni idea de si será eso. [Respondí]. Lo que si se es que esto tengo que resolverlo porque me está llevando de cabeza.



- Oye, un momento. [Dijo Clara]. ¿Dónde está Carlos?

Miramos de un lado a otro y nos dimos cuenta de que no estaba con nosotros. Fue ahí cuando me temí lo peor.

Salí corriendo hacia el salón masculino y al entrar lo encontré.

Carlos se encontraba tirado en el suelo, boca abajo, sobre un charco de sangre, tal y como había visto en el vídeo.

Caí de rodillas frente a él, mirando la dantesca escena sin saber qué hacer.

Entraron los demás a la sala. Se colocaron todos detrás de mí y se horrorizaron al ver a Carlos en ese estado.

Algunos con las manos en la cara, otros vomitando, aquello era terrible.

- Así tal cual acabó cuando lo vi por la cámara… [Dije poniendo mi mano sobre él]. Le han hecho lo mismo.



- Esto no ha podido hacerlo un espíritu, aquí tiene que haber alguien más. [Dijo Tamara mirando para todos lados].



- Eso o ha sido uno de nosotros… [Dijo Raquel con la mirada baja].



- ¿Cómo iba a ser el culpable uno de nosotros? [Preguntó Manuel]. Hemos estado juntos.



- Nosotros sí. [Respondió Raquel]. Pero Luis y Clara no. Ellos han sido los últimos en ver a Carlos con vida.



- ¿¡CÓMO TE ATREVES!? [Preguntó enojada Clara].



- Os dejamos solos y uno de vosotros aparece destripado en medio de la sala ¿No resulta sospechoso?



Raquel y clara comenzaron a forcejear y tuvimos que meternos por en medio para poner fin a la disputa.

- ¡CALLAD! [Gritó Luis mientras seguía la disputa]. ¡CALLAAAAAAAAD!



- ¿Qué ocurre? [Preguntó José al ver que todo se había calmado momentáneamente].



- Carlos… [Dijo señalando]. No esta…



Atónitos descubrimos todos que el cuerpo sin vida de nuestro compañero, que antes yacía en el suelo, ya no estaba ahí. Se había volatilizado junto a la sangre.

¿Cómo era posible que ya no estuviera? ¿A qué demonios nos estábamos enfrentando? ¿Qué sentido tenía todo?

Esa última pregunta me la he hecho en innumerables ocasiones y al final siempre caigo en la cuenta de que en el misterio no hay nada que tenga sentido.

- ¡HAY QUE SALIR DE AQUÍ YA! [Gritó Clara saliendo de la sala]. ¡NO PIENSO QUEDARME!



Salimos todos detrás y nos fuimos a la puerta principal. Mientras podíamos oír como algo iba detrás de nosotros.

La puerta se encontraba atascada y no había manera de abrirla. Esta era enorme y muy gruesa, por lo que no era tan sencilla de tirar abajo.

Estábamos encerrados en aquél edificio con algo peligroso, por lo que había que encontrar otra forma de salir de allí.

- Raquel ¿Tú no habías dibujado un plano del sitio? [Pregunté]. Igual con eso podemos saber por dónde salir.



- Si, aquí lo tengo. [Dijo sacándolo y ojeándolo] Aunque me temo que la única sa…



- ¿Qué te ocurre? [Preguntó Tamara cogiendo el plano]. ¿Y esta marca?



- Os juro que eso no estaba antes. [Respondió Raquel con la mirada perdida]. Lo he llevado encima en todo momento. Nadie ha podido tocarlo.



Cogí el plano y observé que en el dibujo de la primera planta había una mancha roja y una inscripción que ponía “Yo estoy aquí”.

No sé si sería el estrés de saber que algo nos perseguía, el agobio de ver que estábamos encerrados o simplemente que soy como esos idiotas que aparecen en las películas de terror, pero, por absurdo que parezca, me pareció buena idea ir hasta el punto.

- Tú has perdido la cabeza ¿verdad? [ Preguntó Tamara] Con todo lo que está pasando y a ti solo se te ocurre seguir investigando. No lo entiendo.



- Sabes que siempre estoy contigo. [Dijo Jose]. Pero esto es una locura.



- ¿Se os ocurre algo mejor? [Pregunté cabreado]. Por aquí no se puede salir y hay que encontrar una salida antes de que…



En ese momento, un grito irrumpió en el lugar.

- ¡AYUDA! [Gritó Clara desesperada].

Esta estaba frente a nosotros y tras ella se encontraba un hombre que la agarraba del pelo hacia atrás.

Sacó de pronto un cuchillo y lo deslizó rápidamente por su garganta mientras reía de manera aterradora.

El hombre desapareció ante nuestros ojos y nosotros corrimos hacia ella para intentar ayudarla taponando el corte.

Aquello era un caos. Todos asustados, queriendo salir, mientras en mis brazos veía como Clara moría sin poder hacer nada.

Cerré sus ojos con mis manos y la dejé lentamente en el suelo. Esto se había descontrolado y había que salir de allí.

- Vale, todos juntos y sin separarse. [Dijo José]. Iremos a dónde has dicho antes…



- Tienes razón. [Contestó Manuel]. Vámonos ya de aquí.



- Pedro… [Dijo asustada Tamara] Tus manos…



Al mirarlas pude ver como la sangre que tenía en ellas estaba desapareciendo ante mis ojos hasta el punto de no quedar nada.

No pudimos evitar girarnos y mirar al suelo. Efectivamente Clara ya no se encontraba allí. Ya no quedaba rastro.

- Vámonos. [Dije avanzando sin mirar]. Ya.



- ¿Dónde señalaba el punto? [Preguntó Tamara mientras avanzábamos].



- En la zona de hombres. [Respondió Raquel]. Al lado de la escalera.



- Con lo cual, tenemos que volver cerca de donde hemos huido. [Dijo asustado Manuel].



- Eso parece… [Respondió José]. ¿Estás bien, Luis?



Este se mantenía en completo silencio, con la mirada perdida. Se le veía demasiado aterrado para conversar.

- Han muerto como dijo Pedro… [Contestó Luis rompiendo el silencio]. El siguiente soy yo…



- Saldremos de esta. [Respondí posando mi mano en su hombro].

Nuevamente se hizo el silencio. En realidad, no estaba tan seguro de lo que nos iba a ocurrir allí.

Me llamó la atención ver que parecía haber una tenue luz que provenía del pasillo de las habitaciones masculinas.

No pude evitar asomarme para ver de qué se trataba, ya que me pareció incluso oir una voz familiar.

Al resto no le hacía tanta gracia, por lo que al final decidí seguir yo solo mientras ellos me miraban desde cierta distancia.

La bombilla del pasillo tintineaba mientras que de una de las habitaciones se podía ver luz en su interior.

Levanté con el dedo la pequeña abertura para mirar y me encontré con que se trataba de Carlos.

La puerta se abrió de golpe y pude entrar con él.

Se encontraba tumbado en la cama, con la cabeza rapada y con una pulsera de paciente colocada.

Su mirada estaba perdida y balbuceaba algo que no llegaba a comprender.

Se incorporó de pronto y me agarró con fuerza.

- ¡Él es bueno! [dijo a mi oído]. ¡Él nos curará]!



- ¿él? [Pregunté intrigado] ¿De quién demonios hablas?

Una mano me agarró con fuerza del hombro y me lanzó con violencia hacia fuera.

Por unos segundos pude ver a un doctor vestido con su bata que entraba si se ponía al lado de la cama.

Tras esto, la puerta se cerró, las luces se apagaron y desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos.

Sin dar crédito a lo sucedido, corrí y me junté con el resto.

Decidí no hablar acerca de lo que había sucedido. Por mucho que me preguntaron. No quería saber nada, solo quería salir.

Volvimos hasta el lugar indicado en el plano solo para darnos cuenta de que no había absolutamente nada. El punto indicaba la zona junto a la escalera, donde solo había una pared.

- Genial, aquí no hay nada [Dijo Tamara]. ¿Ahora qué?



- Algo tiene que haber. [Respondió Raquel tocando la pared]. Miremos bien…



Me sorprendió la actitud de Raquel y su forma de responder. Parecía que tenía muy claro que había algo.

- No saldréis de aquí jamás. [Dijo una voz alrededor nuestro].

Comenzamos a mirar de un lado a otro temiéndonos lo peor.

No se hizo esperar mucho y emergió de entre las sombras una figura masculina, vestido con traje de enfermero.

Este se acercó hasta Luis, que se encontraba sentado y completamente bloqueado ante la situación.

- Creo que tú eres el siguiente paciente. [Dijo poniendo la mano en su hombro]. Ven conmigo.

Intentamos por todos los medios que no le hiciera nada, pero era inútil. Ese ser tenía una fuerza inmensa.

Era capaz de lanzarnos por los aires como si fuésemos papeles movidos por el viento.

- No te preocupes. [Dijo levantándome en peso]. Tú vendrás después.

Tras esto, me lanzó con violencia contra la pared en la cual surgió un pequeño agujero producido por el impacto.

El extraño medico clavó su cuchillo en el pecho de Luis y comenzó a llevárselo arrastrando por el pasillo.

- Volveré. [Dijo alejándose y evaporándose frente a nuestros ojos].



- Ahora o nunca. [Dijo Raquel intentando agrandar el agujero]. Es el momento de salir de aquí.



- ¿Qué demonios hay ahí? [Pregunté levantándome dolorido]. Decidme que es una salida



- Es otra sala. [Dijo Manuel asomándose]. No veo salida alguna.



Era una habitación sin ventanas, y con una decoración un tanto especial.

Había un altar improvisado con un libro abierto y tres velas junto a este. También había unos símbolos tallados en este.

En las paredes también estaban dibujados los símbolos y unas antorchas que en su día iluminaron la habitación

Una mesa con tarros, velas, incienso y runas. Estas se encontraban en una bolsa menos cinco piezas.

Estas estaban sobre la mesa ordenadas así: ᚱᚨᚲᛖᛚ

- Pedro… [Dijo Tamara tímidamente mientras me daba unos toques en el brazo]. Mira eso…

Cerca de donde habíamos hecho el agujero había un cuerpo sin vida, esquelético en posición fetal.

Se trataba del cadáver descompuesto de una mujer que, por la posición y las marchas de la pared, había sido encerrada en el lugar.

Sus esqueléticas manos sujetaban una llave que, con mucho cuidado, cogí para ver de dónde podían ser. Si la guardaba así es porque era importante.

Entre todos los bártulos que había en la habitación, encontré un pequeño cofre cerrado con un candado.

Introduje la llave y, al girar, pude oír el chasquido indicando que ya estaba abierto.

Abrí la caja y en su interior encontré un diario ajado.

Al sacarlo pude comprobar que debajo había barias cosas. Como cartas, unos documentos, figuras y un colgante.

- La estabas buscando ¿Verdad, Raquel? [Pregunté con mis ojos fijos en los documentos]. Tú también la viste en la otra sala…

Todos se quedaron asombrados sin saber de qué estaba hablando.

- A ver… yo… [Balbuceó Raquel].



- ¿Qué está pasando? [Preguntó Tamara].



- Muy sencillo. [Respondí]. Raquel conoce este sitio, pero no porque le guste la parapsicología, sino porque estaba buscando ese cuerpo, que imagino que pertenece a tu abuela ¿Me equivoco?



Se hizo el silencio en la habitación.

- Es por eso que contactó contigo, Tamara. [Proseguí] Necesitaba a alguien que supiera del tema para resolverlo todo.



- Lo siento, de verdad… [Dijo Raquel sentándose en el suelo]. Lo siento, Tamara. Te he arrastrado hasta aquí y te he puesto en peligro.



- Ya no importa, solo quiero salir de este sitio. [Respondió seria].



- Raquel, es el momento de que nos saques de aquí. [Dije dejando los papeles en su sitio].



- ¿Yo? [Preguntó intrigada] ¿Cómo?



- Buscabas a tu abuela, pero no sabías la verdad ¿NO?



- ¿De qué hablas? [Preguntó levantándose y acercándose a mi].



- De esto. [Respondí dándole el diario].



- Diario de… ¿Una wiccana?



- ¿Wiccana? [Preguntó Manuel]. ¿Qué es eso?



- Pues básicamente la wicca es una religión en la que se practica la brujería. [Respondí]. Y Raquel desciende de una bastante poderosa, por lo que he visto.



- Entonces ¿Raquel es una bruja igual que su abuela? [Preguntó José]. Entonces ¿Cómo es posible que no saliera de aquí?



- Hollywood ha hecho mucho daño. [Respondí]. Pensáis que salía a volar con su escoba y que podía convertir a la gente en animales o algo así. Ellos están en sintonía con la naturaleza y son capaces de realizar rituales y hechizos, pero no tan fantasiosos como en las películas.



- Pero yo apenas estoy empezando en esto. [Dijo Raquel]. ¿Cómo voy a enfrentar a ese ser?



- Raquel, tienes más poder del que te imaginas. [Dije posando mi mano en su hombro]. Estamos contigo.



- Conmovedor, pero creo que ya es hora de ir a vuestras habitaciones. [Dijo el extraño doctor apareciendo de la nada]. Te toca a ti, Pedro.



En ese momento comencé a levitar mientras sentía una presión enorme en mi garganta, como si me agarraran del cuello.

Veía al resto lanzando cosas e intentando atacarlo de todas las formas posibles para que me soltara, pero no había manera.

- No se cómo hacerlo. [Dijo Raquel cayendo de rodillas]. No soy capaz…



- Raquel, tienes que intentarlo. [Dijo Tamara].



- Estúpida. [Dijo riendo el doctor]. Ya acabé con una, puedo acabar contigo también.



Raquel se levantó y fue a por él.

- Tú no tienes ni la mitad de su poder. [Dijo abofeteándola haciéndole caer al suelo]. Te reuniré con ella…



- Algo me dice que eso va a ocurrir ya [Dije riendo].



Mi comentario vino a raíz de que pude ver como su abuela, que era aquel espíritu que parecía atormentarnos, se acercaba a ella y la levantaba.

Ambas, con sus brazos en alto, comenzaron a recitar algo al unísono.

Mi visión pronto se tornó borrosa, y acabé perdiendo el conocimiento ante la falta de oxígeno.

Cuando lo recobré, me encontraba fuera del edificio y el sol estaba empezando a aparecer poco a poco.

- Por fin despiertas, amigo. [Dijo Manuel]. Menudo susto.



- Menuda investigación más intensa. [Dijo José]. ¿Van a ser así todas?



- Esperemos que no. [Dijo Tamara].



- ¿Dónde están los demás? [Pregunté incorporándome].



- De Carlos, Luis y Clara no sabemos nada. Se han evaporado… [Respondió Tamara]. En cuanto a Raquel, allí la tienes.



Estaba sentada, con su mirada puesta en el cielo. Junto a ella, se encontraba el cuerpo de su abuela y el cofre con sus pertenencias.

Me levanté y me senté junto a ella.

- Me alegra saber que estás bien [Dijo sin mirarme].



- Gracias…. [Dije mirando hacia el cielo como ella]. Me has salvado la vida.



- No es nada. Tuve ayuda. [Dijo mirando el cuerpo]. Ahora podré darle un entierro digno…



- Lo sé. Ella te ayudó. Pero eso no quiere decir que no hayas hecho nada. Te ha ayudado a liberar tu poder oculto.



Se giró y me abrazó en silencio.

- Gracias. [Dijo mientras me abrazaba]. Creíste en mí y eso también me ayudó.



- No es nada. [Respondí] TU problema es que no te valoras lo suficiente. Tienes que creer más en ti.



- Lo tendré en cuenta…



- Toma esto. [Dije dándole el colgante]. Estaba dentro del cofre. Creo que eres la persona indicada para portarlo. La triple Diosa de la luna…



- Gracias. [Dijo colocándoselo]. Yo voy a marcharme ya. Espero volver a verte pronto.



- Seguro que sí. [Respondí levantándome]. Aunque si puede ser, que sea para algo más tranquilo.



- La verdad que sí. [Dijo riendo] Demasiadas emociones.



- Créeme, que esto no ha hecho más que empezar…

Cuento esta historia en memoria de esos tres valientes investigadores que desaparecieron para no volver jamás. Carlos, Luis y Clara.